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Entrevista a Pilar Kaltzada

Pilar Kaltzada

Pilar Kaltzada, periodista, escritora, directora de comunicación, relaciones institucionales e innovación, conferenciante, autora y columnista en diferentes medios, colaboradora en programas informativos y de opinión, conductora de eventos, miembro del patronato de Save The Children, parte activa del colectivo Doce Miradas, etc., etc., etc. Es difícil leer tu currículum sin perder el aliento, ¿tú lo has perdido en algún momento?

He tenido mucha suerte. Poder participar en todas estas cosas es un regalo, porque me han permitido aprender en lugares muy diferentes, y con personas que han sido muy generosas conmigo. De cada una de estas actividades, y del resto, me llevo sobre todo el aprendizaje y las ganas de seguir haciendo nuevas cosas.  Aunque son ámbitos muy diferentes, todos ellos están conectados a una misma idea: hay relatos que hacen que el mundo (las personas, las empresas, las organizaciones) avancen en una dirección más humana, y yo quiero sumar mis pocas habilidades a esa transformación.

Todavía muchas mujeres seguimos encontrando un techo de cristal a la hora de acceder a los escalones más altos de las empresas. Como mujer referente, ¿podrías decirnos si has encontrado barreras “invisibles” a la hora de abrirte paso en tu carrera profesional?

Todas las mujeres tenemos un techo de cristal, o un suelo pegajoso, porque no existe la igualdad real, y en cualquier ámbito de nuestra vida privada o profesional seguimos arrastrando muchos sesgos. Hay barreras muy visibles, y otras igualmente limitantes, pero menos evidentes, hasta que las padeces. Si tuviese que contar las veces que he tenido que explicar cómo organizo mi vida doméstica y familiar, no pararía. En uno de los equipos directivos en los que trabajé hace unos años era la única mujer, y también la única que estaba, aparentemente, preocupada por poder conciliar mi vida personal y profesional. La igualdad, desgraciadamente, es una cuestión que ocupa sobre todo a las mujeres, y aunque vamos avanzando, queda mucho camino por recorrer. He encontrado grandes cómplices hombres, pero también personas que me han recordado continuamente que en ciertos ámbitos, las mujeres somos todavía una incomodidad que hay que soportar.

Tú perfil de Linkedin comienza diciendo “Creo que la identidad es el principal valor competitivo: los valores que nos mueven son la esencia de nuestra oferta profesional, y de nuestra aportación a la sociedad”, ¿cuáles son esos valores que a ti te han movilizado para alcanzar el éxito profesional?

Siempre he buscado oportunidades profesionales en los ámbitos en los que creo que existe un reto social: la igualdad entre hombres y mujeres, las lucha contra todo tipo de desigualdades, la diversidad, la justicia… Nos ha tocado vivir una época en la que todo está cuestionándose, en la que no tenemos certezas sobre casi nada. Mis valores conectan con la idea de aportar en este cambio, de ser útil a la transformación, desde mis más que limitadas capacidades, de aportar un granito de arena. Aspiro a ser buena persona, una persona comprometida. Y busco los proyectos profesionales en los que pueda aprender cómo serlo.

¿El concepto de “identidad” que manejas podría asemejarse al de “marca personal” tan utilizado actualmente para el posicionamiento profesional?

Así es. Son conceptos fronterizos, pero a veces creo que se utilizan de forma un tanto torticera. Creo que el verdadero crecimiento está en trabajar sobre tu propia identidad, sobre los valores y aspiraciones, más que en la venta de un producto. En ciertos entornos, las capacidades profesionales son muy similares entre unas personas y otras; lo que realmente nos diferencia son nuestros valores como persona o como empresa, nuestra historia, la sucesión de hechos que nos ha traído hasta lo que somos. Para mí es más importante el “para qué” y el “cómo” que el “qué”.

A veces he acompañado a profesionales en el desarrollo de su posicionamiento y marca, y cuando me piden consejo sobre cómo orientar su carrera, siempre pregunto lo mismo: ¿cómo quieres ser de mayor?, ¿qué te motiva, qué motor interno hace que te muevas? Ya me dirás después qué sabes hacer. Si tengo que contratar a alguien, me fijo poco en su currículo y mucho en sus valores y en sus motivaciones. Lo que queremos hacer dice mucho más que lo que ya hemos hecho.

En tu discurso hablas de valor competitivo, ¿crees que la competitividad personal y empresarial puede ser un valor para el feminismo y la lucha contra la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral?

Yo entiendo la competitividad como la capacidad de generar valor, individual y colectivamente. Valor, y no solo riqueza. Desde el feminismo y la igualdad, se apuesta por que todas las personas, hombres y mujeres, sean capaces de desarrollar todo su potencial, por derribar las barreras que hoy en día lo impiden. Ni las personas ni las organizaciones pueden dar todo de sí cuando están castradas, cuando tienen que respirar con medio pulmón y no con su capacidad plena. Eso nos pasa a las mujeres, que tenemos que reservar aliento para una lucha permanente contra los límites de género. Y eso les pasa a las organizaciones, que desperdician una cantidad enorme de talento. Por supuesto que el feminismo es, también, una vía de competitividad.

Eres una clara defensora del desarrollo tecnológico como motor de cambio. De hecho, las oportunidades de empleo en el sector TIC están creciendo año tras año. Sin embargo, todavía nos encontramos con un número reducido de mujeres que apuestan por carreras tecnológicas, ¿qué falta para que nos dejen dar el gran salto?

Nos falta ser capaces de generar una tradición de mujeres en tecnología y en conocimientos vinculados a la ciencia, a la ingeniería, a la industria… y son éstos los campos que mayor despliegue profesional van a tener o están ya teniendo. Si no somos capaces de engancharnos a esta ola, volveremos a repetir los clichés.

Esto no es privativo de las vocaciones TEIC, ocurre en otros muchos campos, pero en este caso es especialmente importante ser conscientes de la transcendencia que tiene, porque el futuro (yo diría que el presente) está fuertemente vinculado a entender cómo la tecnología está modificando nuestra forma de ser en el mundo. 

Nos falta trabajar contra los sesgos de género que desde muy jóvenes están martilleando a las chicas con las referencias opuestas. Y debe ser un trabajo que inspire, que muestre un futuro deseado en el que las mujeres quepan sin tener que hacerse un hueco a base de golpes. Si regalamos coches y camiones a los niños, ¿cómo pretendemos que las niñas quieran ser mecánicas? 

Nos falta hacer visibles a las mujeres que ya están trabajando en estos ámbitos, normalizar su presencia en todo tipo de formaciones y profesiones, que se conozcan y valoren, que se reconozcan.

Como asesora de comunicación estratégica nos interesa especialmente qué claves comunicativas puedes darle a las usuarias de nuestra plataforma, mujeres desempleadas que tienen que enfrentarse día a día a entrevistas y procesos de selección en los que comunicar en poco tiempo y de manera efectiva su valía profesional

No soy muy dada a los consejos. Les diría que lo que pueden ofrecer a un posible empleador no es solo una lista de habilidades profesionales.  Que pongan en valor su potencial completo. Hay un “saber hacer”, unos conocimientos y experiencia, pero también hay un “saber ser”, unos valores y aspiraciones que son su propio motor interno. Si estos saberes no están equilibrados, es complicado que funcione. Soy muy consciente de las dificultades laborales por las que pasamos, y puede resultar un tanto ingenuo, pero creo que, por esas mismas dificultades, es especialmente importante incluir todo nuestro potencial en lo que ofrecemos.