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El rincón del/a Orientador/a

Metáforas para la Búsqueda de Empleo: El/la Cancerbero/a

Hasta ahora hemos deambulado por la búsqueda de empleo dando vueltas a nuestro alrededor. De refilón, hemos intuido que hay otras muchas personas que tienen el mismo cometido, e intentan sobrepasar el muro imaginado que supone la coyuntura actual. Pero no se ha reflexionado en estas metáforas sobre esas otras personas encargadas de decidir quién accede y quién no al mundo laboral, esas a las que ponemos la etiqueta de recursos humanos, selección de personal, personal, o incluso la de jefas o jefes. ¿Acaso son el enemigo?


Nombraba alguien inexacto que al enemigo no hay que darle ni agua. ¡Qué error!
Al enemigo antes de ponerle el puente de plata, hay que entenderle. Del entendimiento surgirá la compresión, y el posible reconocimiento en su proceder. Nuestra misión ha de centrarse en el conocimiento de las estrategias de este gremio condenado a vigilar la puerta de entrada hacia el
mundo del empleo. Remontándonos a la mitología griega, podemos suponer las funciones de este colectivo como las que tenía un ser llamado Cancerbero. Este animal de tres cabezas perrunas, evitaba el tránsito de vivos y muertos más allá de los límites de sus respectivos mundos. Cancerbero vigilaba, observaba y decidía. Un tanto más próximo en el tiempo, se denominó también como Cancerberos a los porteros de fútbol, y hace un poco menos, por aquello de los roles de género polarizados, a las porteras de este deporte como Cancerberas. Encargados y encargadas quedan de vigilar, observar, y decidir, en cuanto a la forma de estriarse, para evitar que sus dominios sean perforados por un balón. Tanto para las personas que seleccionan el acceso al mundo laboral como para estos homónimos personajes, su cometido selectivo vincula su existencia profesional. Con el trascurrir del tiempo, del mito cruento de lo irreal se ha llegado a la realidad necesitada de mitos. Los animales amorfos se han convertido en prohombres modelados, y modelos necesarios para canalizar las ansias del pueblo. Por su parte, en un lugar escondido, quedan las féminas que defienden las porterías anónimas de su profesión.


Entonces, ¿qué etiqueta ponemos a las personas de recursos humanos?, ¿son buenas o son malas? Quizá no haya que ser tan tajantes. Simplemente, su rol habrá que analizarlo en función de cómo miremos las cosas.
En consecuencia, será más positivo utilizar un prisma bifocal para evaluar a las personas responsables de la selección.


Las cancerberas de despacho, y los cancerberos, por supuesto, son, ante todo, profesionales. Desarrollan su cometido con el propósito de escoger el perfil profesional más adecuado para cada puesto de trabajo. Y esto, han de hacerlo, en un plazo, como mínimo, de diez minutos y un máximo, para perfiles de mayor responsabilidad, de varias sesiones de selección de horas. ¿Tienen algún truco para hacer esto?

 
El cancerbero mitológico aplicaba una lógica aplastante, no pasarán; por su parte, los cancerberos y cancerberas del presente se lanzan al son del movimiento de la pelota para atraparla, y lanzarla hacia los confines del otro campo. Las cancerberas, y cancerberos, de despacho, también tienen sus estrategias, algo más elaboradas. Analicémoslas:
 

- Si tú no conocieras de nada a una persona, ¿en qué te fijarías?
Seguro que tendrías en cuenta la hora a la que llega, el aspecto que lleva, si te saluda o no y cómo lo hace, y su forma de expresarse. Estos componentes trasversales son una referencia para las personas que hacen selección. No serán definitorios en el acceso a un puesto de trabajo pero sí para determinar quien no accede.

- Si, además, esa persona a las que vas a conocer fuera tu compañera o compañera de piso, ¿en qué te fijarías? Las decisiones, lógicamente, se van complicando. En este caso puede que observaras unos valores y actitudes que no se ven a simple vista. Valorarías el grado de responsabilidad, el compromiso que tiene con las tareas que desarrolla o la facilidad para colaborar con otras personas. Estas cuestiones que aparentemente no tienen una ubicación clara en una entrevista de
trabajo, por las dificultades que tienen para su evaluación, son definitorias. Volviendo a tu compañera o compañero de piso, aunque no fuera una persona perfecta, puede que te decidieras por él o por ella por las sensaciones obtenidas en la evaluación de estos valores y actitudes.

- Además, si esa compañera o ese compañero de piso, tuviera que repartirse contigo la preparación de las comidas, ¿en qué te fijarías? Estos aspectos son los más sencillos de cuantificar: una persona sabe o no sabe freír un huevo, preparar una pechuga a la Villaroy o un pollo en pepitoria. Lo mismo sucede con las competencias técnicas que se tienen y se han aprendido para un puesto de trabajo. Un secreto, a las cancerberas de despacho, así como a los cancerberos, les gusta que les hablen en lenguaje técnico. Es decir, para esa imaginada compañera de piso, o ese compañero, será mejor que os explique que utiliza un aceite de oliva, que vierte el huevo en la sartén con el aceite caliente, que comprueba la temperatura del aceite
con un trozo de pan que empieza a chisporrotear,... Lo mismo vale para describir nuestra profesión. Tenlo en cuenta. La experiencia y los conocimientos técnicos son, en estos casos, un requisito imprescindible de acceso.

- Por último, si entre esas compañeras de piso, o compañeros, cada una, cada uno, te pagara más o menos cantidad, ¿a quién elegirías? La respuesta puede ser cruelmente afirmativa. Esta cuestión quizá es la que hace que las cancerberas de despacho, y cancerberos, tengan una fama un tanto negativa, pero la vinculación económica en las relaciones contractuales en este sistema es imprescindible: hay grupos poblaciones que tienen mayor o menor bonificación, al igual que tipos de contratos
con mayor o menos coste. También habrá que tenerlo en cuenta.


Y no hay más sobre esta metáfora que seguramente diera para escribir alguna más o hasta un libro, quién sabe. Espero os haya servido para normalizar las relaciones con estas cancerberas y estos cancerberos de despacho. Ya sólo os falta meter gol, no lo dudes.

 

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