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Mujeres y actualidad

Escribir Bajo Seudónimo

Yolanda Fernández Vargas
 
Yolanda Fernández Vargas
Durante el siglo XIX algunas escritoras se vieron obligadas a utilizar seudónimos masculinos para intentar escapar de los prejuicios que las editoriales y la sociedad tenían sobre las mujeres, a las que cuestionaban sus capacidades intelectuales. A las hermanas Bronte, Mary Ann Evans o Armandine Dupin se las conocía literariamente como Currer, Ellis y Acton Bell, George Eliot o George Sand.

En nuestro país también han existido mujeres que tuvieron que recurrir a nombres falsos para conseguir que sus obras fueran publicadas, como Cecilia Böhl bajo el seudónimo de Fernán Caballero, o Caterina Albert como Víctor Catalá.

Y por supuesto está Karen Blixen, que cuando regresó a Europa escribió «Siete cuentos góticos», obra rechazada tanto en Dinamarca como en Inglaterra. Sin embargo, cuando envió el libro a Estados Unidos con el seudónimo masculino de Isak Dinesen, fue todo un éxito.

Evidentemente todo esto ha cambiado en nuestros días o eso podríamos pensar si nos dejamos seducir por el espejismo de creer que las escritoras y escritores tienen la misma relevancia y reconocimiento.

Veamos algún ejemplo, en las postrimerías del siglo XX, y estamos hablando del año 1996, la escritora Joanne Rowling, autora de la saga de Harry Potter, publicó sus libros bajo las iniciales de J. K. Rowling por exigencias de su firma editorial Bloomsbury, que temió que la audiencia de chicos jóvenes sería reticente a comprar libros escritos por una mujer.

La tiranía del mercado obliga, pero hay algo más, pues no faltará quien piense que el cerebro masculino debe alimentarse de ciencia y creación masculina, de pensamiento abstracto y de autobiografías de hombres ilustres, no vaya a ser que la lectura de libros escritos por mujeres o protagonizados por niñas pueda llevarles al lado oscuro y se vuelvan afeminados o delicados, por eso hay que ocultar todo lo que les acerque a lo femenino.

Lo cual me lleva a preguntarme ¿cómo estamos educando a nuestros hijos para que piensen que un libro escrito por una mujer no tiene el mismo interés que otro escrito por un hombre?, ¿qué peso tienen las mujeres escritoras en la tradición literaria que estudian?.

Gracias a internet y a un artículo de Laura Freixas, cae en mis manos un reciente estudio de la Universidad de Valencia, en el que se han analizado 115 manuales de tres editoriales en todas las asignaturas de los cuatro cursos de la ESO, centrándose en la presencia y relevancia de las mujeres y hombres en estos libros y cuyas conclusiones son cuanto menos inquietantes. La presencia de las mujeres supone un porcentaje del 12,8%, pero si atendemos al número de apariciones, que muestra las veces que aparecen citadas, el porcentaje disminuye por debajo del 7,5 % de media. Pero seguimos, la presencia de mujeres disminuye a medida que los cursos aumentan de nivel y los contenidos ganan en profundidad. En la segunda etapa (3º y 4º ESO) su presencia es menor (10%) que en la primera (1º y 2º ESO), con un 13 %.

No es de extrañar que el estudio concluya diciendo que las mujeres son las grandes ausentes de la visión del mundo que forjamos en nuestro sistema educativo. En las aulas estamos transmitiendo una cultura sin mujeres. Si un estudiante llega a conocer la existencia de escritoras, no será precisamente dentro del aula, sino al salir de ella.

La tradición literaria femenina es abundante y se ha dado siempre, por eso  me gustaría que las chicas y los chicos jóvenes tuvieran también como referentes literarios a Teresa de Cartagena, Luisa de Carvajal, Luisa Sigea, Beatriz Galindo La Latina, Beatriz Bernal, Feliciana Enríquez de Guzmán, Ana Caro Mallén de Soto, María de Zayas y Sotomayor o Rosa María Gálvez, la mejor de toda la dramaturgia del XVIII (superior a Moratín, según la crítica especializada), por poner algún ejemplo.

Una democracia que omite las contribuciones de las mujeres está transmitiendo a los y las jóvenes una educación cercenada, falseada y desvalida, porque la cultura conforma la memoria colectiva y la exclusión de las escritoras de nuestros referentes literarios y culturales, contribuye a  perpetuar la desigualdad en nuestra sociedad, pues como dice Amelia Valcárcel, tan importante es conocer como reconocer.

Y si no me crees, no pierdas la ocasión de hojear un libro de literatura de la ESO, no hace falta que sea de la Comunitat Valenciana, el resto de las autonomías también me valen, y empieza a contar...

 

 
 
 

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